martes, 15 de julio de 2014

EL NETWORKING EN EL APRENDIZAJE

Sabemos que dentro de la denominada formación informal se aglutina todo aquel aprendizaje que una persona adquiere a través del autoaprendizaje, ya sea éste de forma consciente y voluntario, como aquel que se obtiene de forma inconsciente. También se incluye, en esta categoría de formación, lo asimilado por la relación e interacción que un individuo tiene con familiares, amigos, compañeros e incluso con desconocidos, es decir, por la socialización.

La socialización implica tener nuestros propios círculos de amistades y de compañeros de trabajo donde nos “movemos” con asiduidad y donde compartimos nuestras cosas. Salvo puntualización de los más ortodoxos en la materia, que pueden encontrar algún “pero”, frecuentar estos círculos es hacer networking.

El networking, según la enciclopedia Larousse (por una vez no hacemos referencia a la Wikipedia) significa “la interconexión de personas con los mismos intereses”. ¿Cuáles pueden ser estos intereses?, cualesquiera, tanto personales como profesionales. Es sorprendente ver cómo muchos conocimientos y habilidades adquiridos a nivel personal los aplicamos en escenarios profesionales y viceversa ya que en realidad somos una única persona.

Es curioso conocer cómo este vocablo se utilizó originalmente para describir una red de canales y ríos (1560), para pasar posteriormente a referirse a las líneas ferroviarias (1839), sistemas de radiodifusión (1914) y de red de ordenadores (1972). Podemos observar que el denominador común del uso de esta palabra inglesa es ”relacionar y facilitar la comunicación entre las personas”.

En la actualidad se relaciona el networking, y también la formación informal, con el uso de las redes sociales y otras herramientas de la Web 2.0. Pero lo cierto es que si nos detenemos en las definiciones de ambos conceptos nunca se habla de los medios que se deben utilizar. Debe ser el individuo quien escoja en cuáles se desenvuelve mejor y sacarles el mayor rendimiento posible. Por otra parte, nunca debe ceñirse a un solo medio sino buscar la diversidad.

Si aplicamos el networking a la formación, lo veremos como la interacción entre personas y grupos de personas con la finalidad de:
  • Compartir información, conocimientos y experiencias.
  • Adquirir nuevos conocimientos de los demás.
  • Solucionar problemas.
Es aquí donde establecemos la relación entre la formación informal y el networking. Cuanto más potencie una persona sus círculos y sus relaciones con los demás, mayor aprendizaje obtendrá.

Desgraciadamente los gestores de formación nos preocupamos demasiado por los números: cantidad de cursos impartidos, horas lectivas realizadas, número de asistentes, etc. Necesitamos justificar con números nuestra actividad porque nos lo impone el sistema, entre otras cuestiones. Nos preocupamos de la formación no formal como único objetivo y desdeñamos la informal.

¿Por qué no potenciar la formación informal?

La obligación del gestor de formación es favorecer el aprendizaje de sus clientes, no el hacer cursos. Tal vez la pregunta clave para facilitar la formación informal sea cómo hacerlo, y la respuesta sea muy sencilla:

“Escuchando”

Tenemos que estar presentes y ser uno más en aquellos encuentros donde participen integrantes de un mismo colectivo con intereses comunes y oír lo que dicen. Organizar actividades donde sean punto de reunión para que hablen sobre sus necesidades y problemas. No estamos hablando de un análisis de necesidades formativas al uso ya que éste desemboca irremediablemente de forma inconsciente en cursos. Se trata de estar atentos y de escuchar, de que seamos capaces de sintetizar lo que verdaderamente desean. Nos podemos llegar a sorprender porque no siempre necesitan cursos.

Debemos convertirnos en catalizador de sus necesidades de intercambiar conocimientos y experiencias. ¿Cómo?, con imaginación. Podemos organizar encuentros informales, programar jornadas de pocas horas donde intervengan profesionales del sector, pedir a los propios usuarios que expliquen sus experiencias en mesas redondas y un largo etcétera de posibilidades. Es curioso ver como los propios interesados son los que dicen lo que quieren hacer y la labor del gestor es de simple facilitador para que se desarrolle la actividad.

Es gratificante observar cómo en jornadas, llamémoslas informales, donde se juntan personas de un mismo colectivo, antes de su comienzo, durante la pausa del café e incluso una vez finalizadas éstas, se reúnen en grupos para conversar sobre sus proyectos, preguntar sobre cómo solucionar algún problema, transmitir inquietudes y preocupaciones, pasarse referencias de proveedores, etc.

Todo esto es networking.