lunes, 5 de marzo de 2012

¿SON RENTABLES LOS PREMIOS?

Hace unos días hablaba por teléfono con un colega acerca del valor de los premios y reconocimientos externos en la administración pública. Se da la circunstancia de que este profesional ha tenido ocasión de ser receptor de premios cuando trabajaba en una institución pública de prestigio e innovadora y también ha experimentado lo que significan los reconocimientos desde la perspectiva de quien los convoca y organiza. Tiene pues una visión de los mismos digna de  ser tenida en cuenta.

Y hablo de esto porque nos encontramos en uno de esos momentos en los que estamos preparando la memoria para el último al que nos vamos a presentar, y es precisamente ahora, cuando al trabajo habitual hay que añadirle el impulso extra que supone la redacción de un documento que transmita en unas páginas, nuestra cultura, nuestro saber hacer, las ganas por innovar, el inconformismo permanente que nos caracteriza, la visión de autocrítica permanente...., cuando uno se interroga respecto a los "para qué" de todo ello, y hasta qué punto vale la pena tamaño esfuerzo.

Pues bien, de la conversación, primero con este colega, y después con alguno de mis colaboradores sobre el asunto de los premios, extraigo 4 razones por las que vale la pena presentarse, y la "rentabilidad" obtenida, en el caso de ganarlos:

- El impacto en nuestros jefes: Me imagino que a todos nos pasa aquello de que no es fácil ser profeta en propia tierra; participamos de una cultura en la que resulta más fácil recordar los errores que felicitar los éxitos. Pues bien, cuando una entidad externa, experta en la materia, reconoce mediante un premio tu labor, en justa competencia con otros que se dedican a lo mismo, uno tiene la sensación de que dentro de la propia casa le empiezan a mirar de otra manera; unos con envidia, otros con admiración y los que nos gobiernan, con cierto orgullo al saber que - a través de nuestro esfuerzo- la Institución a la que representamos se convierte en referente en la materia por la que ha sido galardonada. Quiero pensar, pues, que un reconocimiento externo, ayuda al departamento a posicionarse dentro y fuera de la corporación a la que pertenece. 

- La motivación del equipo: Hacia dentro del propio equipo, del departamento, el impacto es claro. De pronto nos sentimos "equipo ganador", los mejores del "mundo mundial". Alguien nos está diciendo que somos extraordinarios en nuestro trabajo. Se trata, por tanto, de un elemento motivante de mucho recorrido. Es como si se recompensara de golpe todo el esfuerzo puesto en innovar, en cambiar constantemente. 
Todavía recuerdo con agrado cuando, en 1998, obteníamos la primera certificación de calidad por el método "CEDEO / Q* For". Era la primera certificación de calidad en nuestra Institución, y también el primer departamento de formación de una administración pública en conseguirlo. Recuerdo a mis colaboradores en aquel tiempo, caminando por los pasillos, altivos, como si hubieran crecido unos centímetros, como sintiéndose dignos de ser admirados por su hazaña, y me recuerdo a mí, orgulloso como nadie del equipo que me rodeaba.

- La reflexión y el aprendizaje: Preparar la convocatoria a un premio, tal como señalamos antes, significa un importante esfuerzo de reflexión, de análisis, debate, síntesis.... Hay que desmenuzar lo que hacemos, intentar explicarlo para que lo entienda alguien ajeno a nosotros, adecuar el contenido a los requerimientos de las bases... etc. Ello nos obliga a pararnos, pensar en qué hacemos y en cómo lo llevamos a cabo, cuestionar si es la mejor manera posible, ver alternativas, comprometernos con el futuro...
Alguien podrá decir que esto hay que hacerlo con independencia de los premios, y es verdad; pero también lo es que, en demasiadas ocasiones, la vorágine cotidiana, nos hurta estos momentos. Por eso, preparar un premio, no deja de ser (también) una gran excusa para valorar dónde estamos y vislumbrar los posible futuros, es decir, para evaluar, tomar decisiones y planificar en base a ellas. Luego, otra rentabilidad de los premios la encontraremos en este "aprendizaje organizativo" que nos proporciona la imprescindible reflexión colectiva que hacemos al preparar la documentación de los mismos. 

- El prestigio ante nuestros clientes: en el ámbito en el que nos movemos, la administración pública, no estamos (al menos de manera cotidiana) ante la tesitura de tener que demostrar a nuestros clientes que somos los mejores y que tomarán una buena opción si nos eligen frente a la "competencia". Sin embargo, al igual que ocurre con los jefes y con los colaboradores, se sentirán orgullosos de nosotros y se convencerán de que están en las mejores manos cuando nos confían sus necesidades formativas.
Por respeto a ellos, pues, también es importante (y rentable) la obtención de premios y reconocimientos externos. En muchos caso, cuando los comunicamos, así nos lo hacen saber.

Seguro que, tras la lectura de esta entrada, entenderéis un poco mejor por qué es tan amplio nuestro "palmarés" de premios y reconocimientos. ¿Te animas a comentar tu punto de vista?