viernes, 3 de febrero de 2012

EVALUANDO QUE ES GERUNDIO (IV)


En los tres anteriores post sobre evaluación, hemos abordado los niveles de: a) evaluación de la satisfacción con la formación recibida (inmediata a la finalización del curso); b) evaluación del aprendizaje(antes, durante y al final del curso); y c) evaluación de la transferencia o aplicación de los aprendizajes en el puesto de trabajo (transcurridos unos meses desde la finalización del curso).
Los resultados de la evaluación de esos tres niveles nos proporcionan una cantidad de información decididamente válida e importante para posibilitar corregir cualquier desviación, si fuera el caso, así como adoptar medidas de mejora en aras de una formación con unos cada vez más altos índices de calidad.
Pero las acciones formativas procedentes de un Plan de formación no surgen de la nada; llevan detrás todo un conjunto de procesos implementados en un departamento de formación que hacen posible: la detección de necesidades formativas, la planificación de cursos y su gestión, y la evaluación de todos ellos.
El trabajo y trato del personal, las herramientas utilizadas para la gestión, las innovaciones y mejoras introducidas a todos los niveles, la comunicación y retroalimentación con sus “clientes” y usuarios de la formación… en definitiva, la organización y funcionamiento del Departamento, deben ser también objeto de evaluación. De otro modo se correría el riesgo del estancamiento.
¿Y quién mejor para juzgar y opinar sobre los servicios prestados y la manera de funcionar de ese Departamento? Sin duda, los propios “clientes” de esos servicios, es decir, en nuestro caso los ayuntamientos, entidades locales de la provincia y los mismos departamentos de la Diputación.
El particular carácter de este tipo de evaluación determina el distinto tratamiento de la misma. Ése, y no otro, es el motivo de confiar este tipo de estudio, evaluación o “auditoría” a entidades certificadoras de la calidad de los organismos de formación, o, en su defecto, a alguna empresa externa con capacidad y solvencia acreditadas para hacerlo.
Nosotros nos sometemos a este tipo de evaluación año tras año. En este sitio puedes ojear los resultados que acabamos de recibir sobre el año 2011.
Si los tres niveles de evaluación que hemos comentado nos sirven de “termómetro” para la confección y mejora de los cursos y otras actividades formativas; la evaluación de satisfacción de los clientes con nuestros servicios es clave en cuanto que nos permite tomar el pulso al funcionamiento del Departamento como grupo organizado con una misión clara que cumplir.
Sólo desde la objetividad inherente a este tipo de evaluación se pueden atacar los puntos débiles detectados y reforzar los destacados como fortalezas. El resultado es siempre una mejora del servicio, o al menos, una oportunidad de mejora que merece la pena aprovechar.
¿Se os ocurre otro método más eficaz? Ánimo, tenéis ocasión de rebatir lo dicho, sugerir algo distinto o comentar cualquiera de los aspectos tratados.