martes, 7 de febrero de 2012

EL MUNDO DE LA FORMACIÓN ESTÁ DE LUTO. HOMENAJE A BABOT


El jueves pasado, día 2 de febrero de 2012, por la tarde/noche, fallecía Íñigo Babot. Me enteré en Twitter el viernes por la tarde, recien iniciada la sesión; no lo podía creer, me quedé paralizado. Varios tweets a continuación, lanzados por personas muy fiables no dejaban lugar a dudas.

He estado varios días tan impactado, que no he sido capaz de escribir unas líneas para recordarle. Hoy lo hago, en nuestro blog, para reconocer una figura tan singular, también para facilitar que quienes en Alicante tanto le apreciábamos podamos dejar aquí nuestras reflexiones y por qué no decirlo, con cierta intención terapeútica que me permita elaborar mi propio duelo.

Glosar la parte académica de Íñigo no tendría demasiado sentido. En todo caso, y para los posibles lectores que no le hayan conocido, enlazamos su curriculum vitae y también podrán consultar su legado, constituido por las enseñanzas impartidas en sus múltiples seminarios, talleres, ponencias, etc., así como por sus publicaciones más conocidas.

No soy capaz de precisar la fecha, pero sí el contexto en el que conocí a Íñigo. Fue en una de las Jornadas sobre e-learning que la ECLAP programa cada año, dirigidas básicamente al sector público de formación. Era en Salamanca, creo recordar que eran las segundas. Íñigo tenía una ponencia en la que hablaba de “grandes fracasos corporativos en e-learning”, donde desgranaba, sin pudor, errores cometidos al respecto por parte de grandes corporaciones, sin decir cuáles, obviamente. Justo a continuación venía una mesa redonda sobre formación en Administración Local en la que yo participaba; empecé mi intervención retomando el discurso de Babot sobre los grandes fracasos, diciendo que ello me reconfortaba y me liberaba de culpa a la hora de hablar de los nuestros que, en todo caso, eran mucho menores, desde una perspectiva de coste económico. Desde la primera fila se partía de risa oyéndome.

Ello nos dio pie para poder hablar al final de las Jornadas, con cierta complicidad, lo que nos ayudó a conectar. Un tiempo más tarde se presentó en Alicante, sin otra pretensión que comer conmigo y conocer más de nuestro modelo formativo que, al parecer, y por lo oído, parecía atraerle.

En estos últimos años, ha colaborado con nosotros en proyectos muy interesantes, bien directamente con el departamento de formación, bien, intermediado por nosotros, con el Instituto de la Familia “Pedro Herrero” dependiente de esta Diputación. Nos ayudó en la presentación en público del proyecto holon en Alicante. Dirigió una sesión en la que –sin importarle la cantidad de público que había en la sala- planteó un case study, y fue capaz de movilizar a todo el mundo. Gustó mucho, mucho… Trabajó también en la formación de tutores virtuales para este mismo proyecto, colaboró de forma desinteresada en la sesión de presentación de nuestro Plan 2010, … se “encerró” con parte del departamento de formación durante un par de días en un hotel rural, y de ahí surgió nuestro Plan Director y el embrión de nuestra formación 2.0 …

Todo esto facilitó que estableciéramos una relación que iba mucho más allá de la colaboración profesional. Íñigo era una persona afable, sencilla… hacía fácil lo complicado y escuchaba mucho. Reconocía el valor y la competencia de las personas. En estos últimos tiempos, no había vez que nos encontráramos que no me preguntara por mis colaboradores: ¿qué tal Pedro?…Y Rafa?...y the kid?...y Concha? y José Vicente?…. para terminar diciendo: ¡¡Qué buen equipo tienes, José Antonio!!.

Debido al trabajo que hacemos, nos vemos obligados a tratar con mucha gente, de muy diverso carácter. Algunos/as de ellos/as con cierto reconocimiento público, lo que de alguna forma les convierte en una suerte de “superestrellas”. Mis colaboradores, al respecto, dicen a menudo que hay dos categorías: aquellos/as que van de gurús y que para demostrar su supuesta valía y sabiduría, se impostan a sí mismos, como si levitaran. Constantemente hacen referencia a su fama y no se relacionan con cualquiera. Frente a éstos, el otro grupo vendría caracterizado por aquellos/as que, cuánto más saben, mas sencillos, cercanos y amables se muestran. Derrochan educación en su trato, agradecen todas las gestiones hechas por muy sencillas que estas sean, y siempre tienen en la boca palabras de agradecimiento para la gente que está a su alrededor. En esta categoría es en la que siempre han situado a Íñigo Babot.

Sabía de su enfermedad. Me impresionó siempre su saber estar, su manera de abordarla, con mucha valentía y entereza, sin evadirse de la gravedad del asunto. Recuerdo cuando, de un día para otro, se fue de unas Jornadas en Valladolid de manera un tanto repentina. Luego supe que era para operarse de su primer cáncer. Me causó admiración ver la actitud que tuvo en sus varias ponencias, sabiendo que en un rato tomaba un avión porque en menos de 24 horas le intervenían quirúrgicamente. Su recuperación fue espectacular; trabajaba a todo ritmo mientras seguía el tratamiento farmacológico.

La última vez que le ví fue el pasado 9 de Enero; no ha pasado ni un mes. Fui a buscarle al aeropuerto a primerísima hora, lo que nos permitió charlar de lo divino y lo humano, alrededor de un café con leche. Hablamos de futuro, de proyectos y colaboraciones comunes. Contrastaba su desmejorado aspecto físico (no le había visto después de la segunda operación) con su estado de ánimo: estaba contento, optimista, hasta me habló de fútbol (no sé si sabéis que era periquito). Su vitalidad era impresionante. Aguantó como un campeón, prácticamente de pié todo el taller que duró mas de tres horas. Pero no solo eso; al cabo de la tarde, le acerqué al aeropuerto; volaba a Madrid, dónde tomaba un coche de alquiler para llegar a dormir a Burgos, dónde, al día siguiente, se entrevistaba con mi colega de aquella Diputación. Por todo eso, por esta actitud ante su trabajo, ante la vida, me está costando mucho más admitir su desaparición.

Te recordaremos siempre Íñigo, con tu sonrisa franca y ojos vivaces escondidos tras esas gafas que nos devolvían de tí esa imagen de adolescente permanente, con pinta de buen estudiante. Te recordaré también hablando con entusiasmo de tu familia, de tu mujer, de tus hijas, esas a las que utilizabas de ejemplo en alguna de tus diapositivas, para hablarnos de ese mundo 2.0 que viene, … que ya está aquí. Me seguiré riendo cada vez que me acuerde de la cara que ponían los camareros cuando pedías coca-cola, una tras otra, sin solución de continuidad … Y recordaremos siempre tu legado y tus enseñanzas sobre formación en general y e-learning en particular. Para contribuir a ello, me permito insertar en esta entrada la videoentrevista que te hice hace justo un año, en la que nos instruyes acerca de las tendencias en formación.