miércoles, 27 de abril de 2011

Formación on-line vs Sistemas Informáticos

Nadie pone en duda las grandes bondades que nos brida Internet cuando de formación estamos hablando. Flexibilidad, personalización, acceso ilimitado a la información, medios de comunicación síncronos y asíncronos, flujo de información radial contra la clásica lineal, etc. Pero ¿es todo tan idílico como aparenta?. Tal vez no.

Cuando la formación se va a realizar en el puesto de trabajo, debemos tener presente las políticas de seguridad de los sistemas informáticos de la organización. Lo más probable es que los usuarios no puedan realizar ningún tipo de instalación de software en sus equipos, lo que impediría la instalación de componentes necesarios para el desarrollo correcto de algunos cursos e-learning.

También nos podemos encontrar con el bloqueo de ciertos sitios web como pueden ser, por ejemplo, YouTube, entre otras herramientas 2.0, simplemente porque sólo se contempla su carácter de diversión y no el didáctico. Por no hablar de la imposibilidad de acceder a páginas clasificadas como “prohibidas” por su contenido sexual, de violencia, lúdico, de ocio o cualquier otro criterio establecido por el administrador desde su perspectiva de informático.

Todo lo comentado anteriormente puede ser comprensible, e incluso apoyado, por cualquiera que desconozca la realidad de la formación utilizando las TIC. Para dar una pincelada de lo que implican estas posturas, diferenciemos entre la formación no formal, que solemos conocer por los cursillos que hayamos podido realizar, y la formación informal.

En cuanto a la formación no formal, nos podemos encontrar con dos dificultades. La primera de ellas es la dependencia del prescriptor de la formación respecto al administrador de los sistemas informáticos. Por lo pronto, se le tiene que comunicar quiénes van a realizar la formación y qué componentes informáticos van a necesitar los alumnos para su instalación, todo ello con suficiente antelación para encajarlo dentro de sus tareas diarias. En este caso sucede que, en muchas ocasiones, el propio prescriptor desconozca los requisitos técnicos hasta que los alumnos se encuentran con los problemas y lo comunican, no al informático sino al prescriptor, con el consiguiente “enfado” y distorsión en el proceso formativo.

Otro aspecto a tener en cuenta es la “libertad de cátedra” de los tutores de los cursos e-learning. Es decir, aunque se haya previsto, antes de comenzar el curso, todos los aspectos técnicos, si el tutor cree necesario, porque así lo considera durante el desarrollo del curso, que los alumnos accedan a un video de Youtube, para que hagan un análisis de una situación, no será posible porque los sistemas informáticos no lo permiten. ¿Qué sensación tendríamos, como tutor o alumno, cuando intentemos acceder al video y no podamos?.

Hablemos de la formación informal. Formarnos no significa sólo hacer cursos. En el día a día, en nuestra actividad profesional, estamos recibiendo constantemente información que analizamos y asimilamos y pasa a formar parte de lo que conocemos como “experiencia profesional”. Y ¿dónde se encuentra el mayor banco de información?, Sí, en Internet. Por lo tanto, si nos restringen el acceso a foros, redes sociales (las redes sociales son algo más que facebook) y a contenidos preestablecidos por agentes ajenos a nuestra actividad profesional, ¿para qué nos sirve tener Internet?. ¿Por qué nos restringen el acceso a Internet cuando precisamente son los informáticos los que más lo utilizan en su actividad profesional para recabar información?.

Debemos aprender todos, tanto los informáticos como los usuarios, que lo malo no es Internet sino el uso que se le da. No pueden los administradores de los sistemas informáticos proclamarse jueces y censores de la información o del uso de Internet. Pero tampoco los usuarios pueden creerse que, por el mero hecho de tener Internet en su puesto de trabajo, pueden hacer un uso indiscriminado del mismo. Creo sinceramente, que la solución pasa por un uso responsable de los medios informáticos a nuestra disposición; que en vez de penalizar a todos, buenos y malos, se “saque los colores” a los que hacen mal uso de los mismos, utilizando para ello los medios informáticos existentes y, si hace falta, buscar un sistema de sanciones, ¿por qué no?.

Fijémosnos en las bondades de Internet y no en lo malo para no coartar el uso y disfrute de todas las posibilidades que nos brinda para formarnos ya sea a través de cursos o de una manera más informal.

martes, 12 de abril de 2011

COMUNIDADES DE APRENDIZAJE: ARRANCANDO MOTORES

Por fin, mañana 13 de Abril, vamos a poner en marcha, de modo formal, la primera de nuestras comunidades de aprendizaje, también conocidas como comunidades de prácticas, y que identificamos bajo el acrónimo “CoP”.

Esta primera Comunidad la configuran un grupo de técnicos entusiastas, pertenecientes a distintos Ayuntamientos de la provincia, de diversa procedencia y perfil, trabajando en ámbitos muy distintos, pero que comparten con pasión lo que hacen, que se quieren, se ayudan, se animan, se escuchan…Tenemos por tanto un terreno muy abonado y mucha garantía de éxito. Construir un cesto con estos mimbres, tiene que ser lo más fácil del mundo.

Se conocieron en un curso de formación el año 2010, y a partir de ahí configuraron un grupo muy cohesionado que, vía mail, compartieron inquietudes, pensamientos, emociones….En 2011, la mayor parte de ellos han vuelto a coincidir (ahora de forma intencionada) en otro curso, y han manifestado su deseo de seguir en contacto. Por tanto, lo que nosotros, desde el departamento de formación hacemos, no es sino facilitar la infraestructura, crear las condiciones, para ayudar a que se cumpla ese deseo, que ya tienen, de colaborar y compartir. Sirva pues, este post, como homenaje a estos profesionales que la componen.

Pero ¿Qué es una CoP? Aunque esté muy manida, no tenemos más remedio que acudir a Etienne Wenger que dice que “Una Comunidad de Prácticas es un grupo de personas que comparten una preocupación, un conjunto de problemas o un interés común, respecto a un tema, y que profundizan en su conocimiento y competencia en esa área, mediante una interacción continuada”.

Veréis pues, que se basan en una cuestión elemental: todos tenemos algo que enseñar y a la vez mucho que aprender. Me podréis decir, y estaréis en lo cierto, que esto no es algo nuevo; de hecho, alguna de nuestras experiencias de hace unos años sobre la elaboración de cartas de compromisos, mediante círculos de comparación, se basó en esta manera de entender el aprendizaje. En alguna intervención pública, me he atrevido a decir que una CoP es “elevar los pasillos y las pausas-café a la categoría de formación”, es decir, darle un formato a una actividad de compartir que se viene haciendo espontáneamente cuando coinciden profesionales con intereses comunes y ganas de aprender e innovar.

La eclosión actual, se debe, desde mi punto de vista, a las facilidades que las tecnologías nos están dando para que fluya este proceso de compartir. De alguna forma, la filosofía 2.0, es eso lo que potencia: todos aportamos y todos nos enriquecemos de lo que los demás nos ofrecen.

Otro día hablaremos de las condiciones necesarias para que una CoP se constituya, crezca y cumpla sus objetivos. Os dejo a continuación una entrevista que le hice a Jesús Martínez Marín, alma Mater del programa Compartim, referencia obligada cuando debatimos de comunidades de aprendizaje en el sector público.