martes, 15 de febrero de 2011

Optimizar los recursos destinados a la formación

Una buena parte de la mañana de hoy la hemos dedicado a trabajar con los y las profesionales que, en los Ayuntamientos de la provincia, son nuestros interlocutores para todas las tareas de preparación, gestión y evaluación de los Planes Agrupados de Formación Continua.

Nos gusta poder tener cada año una Jornada de estas características para poder vernos las caras, compartir los problemas cotidianos que nos encontramos en la gestión de la formación, dar cuenta de lo que hemos hecho y por dónde avanzar, recoger de primera mano vuestras sugerencias ... y también (por qué no) tomar juntos una cerveza o un refresco y hablar de lo divino y lo humano.


En esta ocasión hemos dedicado la jornada a dar algunos datos relativos a la ejecución del plan del año 2010; no voy a repetirlos aquí, pues ya dedicamos un post de este blog, al que titulamos haciendo balance, tenéis a vuestra disposición el resumen de datos que os hemos entregado, y enn la Web, los más curiosos y estudiosos podéis consultar el exhaustivo informe de evaluación 2010.

También os hemos contado nuestras "aventuras 2.0" que para que tengan validez precisan de vuestra complicidad; las herramientas puestas en marcha, tales como este blog, nuestro sitio en twitter o en facebook, el canal de youtube con interesantes videos, etc. solo tendrán sentido y cumpliran su función con vuestra activa participación.

Pero lo más importante, sin duda, es el debate que hemos abierto en torno a cómo resolver el problema que ahora mismo tenemos con los huecos que quedan sin cubrir en los cursos. Hemos analizado las distintas situaciones posibles y su incidencia:
  • Rehusados aquellos/as compañeros/as que cuando se les confirma su adscripción a un curso que habían solicitado, responden en ese momento, que ya no van a acudir; esto pasa en un 28,27% de los casos. Es un problema hasta cierto punto menor, pues tenemos tiempo suficiente, vosotros y nosotros para cubrir esa vacante; en todo caso, esto es más complicado cuando se trata de acciones formativas con demanda bastante ajustada, pues un número importante de "rehusados" pone en peligro la celebración del curso.
  • Renuncias Nos referimos con esta etiqueta a quienes habiendo dado su conformidad a su inclusión en una edición determinada, unos días antes del comienzo, nos avisan de que (por las circunstancias que sean) no van a poder participar en el mismo; en 2010, hemos tenido 386 renuncias (5,96%) y como en el caso anterior, permite su sustitución.
  • No presentados Damos este nombre a los que, confirmada su participación, simplemente no se presentan en el curso el día de su comienzo y las sesiones siguientes. Ha ocurrido esto en un 7,71% de los casos en 2010. Esta situación es bastante más grave, por cuanto estas plazas se pierden.
Aunque ni a los interesados, ni al Ayuntamiento al que pertenecen, les cueste dinero, debemos ser conscientes del coste real de cada plaza de formación y la pérdida que ello supone. En cifras redondas, estamos hablando de aproximadamente 250 euros por alumno, por lo que podríamos decir que en 2010, casi 120.000 euros se han desaprovechado.



Para intentar resolver esta situación, tras el debate en grupos, proponemos las siguientes líneas de mejora:

- Informar al Ayuntamiento de los No Presentados en la 1ª sesión.
- Elaborar un reglamento que recoja las acciones a realizar.
- Controlar en la relación priorizada y penalizar.
- En convocatoria curso indicar previamente el coste/plaza.
- Informar al no presentado del coste que ha supuesto su no presentación.

Por tanto, nos comprometemos a trabajar en esta línea, sabiendo que estamos colaborando en la buena utilización de los recursos destinados a la formación, algo muy importante precisamente en esta etapa que estamos viviendo de disminución de los mismos.


Esperamos vuestros comentarios

martes, 8 de febrero de 2011

¿Hacia dónde va la formación en las administraciones públicas?

Hace prácticamente un año, la fundación élogos, me pedía una reflexión sobre el futuro de la formación en las administraciones públicas, para incluirla en su estudio anual sobre "El estado del arte de la formación en España". Reviso ahora el documento y lo traigo a nuestro blog, con el convencimiento de que sigue teniendo validez y por si os sugiere comentarios.

Desde mi punto de vista, la formación en las administraciones públicas en los próximos años, evolucionará como consecuencia de los cambios que se darán (o que ya se están dando) en nuestro entorno inmediato, y que me permito clasificar en tres tipos, aun siendo consciente de que están tremendamente relacionados:

- Cambios en los recursos destinados a la formación: no descubro ningún secreto si digo que la crisis económica está dibujando un escenario distinto en la formación. Aunque es verdad que la disminución presupuestaria no tuvo muchas consecuencias en la oferta 2010, dado el origen de los fondos de formación continua que se reciben, los recursos disponibles han disminuido en 2011. Esta realidad, no ha de significar necesariamente que decaiga nuestra actividad, pero nos va a poner en la tesitura de buscar fórmulas imaginativas que nos permitan atender las necesidades detectadas, pero con menos fondos.

Estoy convencido de que esta situación de crisis va a favorecer algunas iniciativas: que aumentemos el uso de los recursos internos, que trabajemos en la elaboración de soluciones formativas sencillas y de bajo coste, que avancemos en el compromiso de compartir materiales que, por sus características, puedan ser útiles con independencia del nivel de administración o ubicación territorial de que se trate, que vayamos eliminando aquellos aspectos que, lejos de aportar valor, se conviertan en gastos superfluos, etc. En esta “adaptación”, los proveedores de formación también tendrán que adquirir el compromiso de convertirse en aliados de los gestores, a la hora de aportar respuestas a las demandas que les planteemos.

- Cambios en las necesidades de nuestros clientes y usuarios: la realidad de hoy es sensiblemente distinta a la que teníamos en 1995, primer año en el que se comenzaron a gestionar fondos procedentes de los Acuerdos de Formación Continua en las Administraciones Públicas (AFCAP). Nos encontrábamos entonces ante una necesidad perentoria de ir resolviendo las carencias de formación inicial y básica que tenían los empleados públicos. Los ordenadores personales habían sustituido, prácticamente de golpe, a las máquinas de escribir; los acelerados cambios normativos, llevados a cabo en pocos años, afectaron a la práctica totalidad de áreas; cambió el procedimiento administrativo, la contabilidad pública, la normativa de contratación, etc. Ello nos obligó, a los gestores de formación, a poner en marcha intensivos (y extensivos) programas formativos sobre estas materias; casi siempre, además, no se trataba solo de una cuestión de conocimientos y habilidades, sino sobre todo de cambios culturales, de nuevas actitudes. La formación hizo un gran trabajo a la hora de vencer resistencias y posibilitar la implantación de todos esos cambios.

Sin embargo, esa avalancha de cursos ya terminó. Por una parte, gracias a la labor de formación realizada en estos 15 años. Por otra, ha sido decisiva la incorporación a la administración pública de nuevas generaciones que, en su bagaje, ya traen consigo estos conocimientos. Ahora, lo que se nos pide, cada vez más, es formación “a medida” de las necesidades concretas y específicas, de un determinado organismo o departamento que ha iniciado un proceso de cambio estructural y organizativo. Las soluciones estándar ya no sirven como antes, y el problema que sufre un área determinada para poder dar respuesta, por ejemplo, a los requerimientos de la administración electrónica, no coincide con lo que necesita el departamento o ministerio vecino.

Por tanto, los técnicos de formación del sector público, deberemos ir reconvirtiéndonos en consultores internos, capaces de saber leer las complejas demandas y preparados para dar las respuestas apropiadas. Es más, en un futuro no muy lejano, nuestros planes de formación tendrán que ser prácticamente individualizados, de manera que estén hechos a la medida de las personas, y no solo de las organizaciones.

- Cambios en los formatos: uno y otro cambio descrito anteriormente, nos abocan a este tercero. Si el escenario económico es distinto, si las necesidades formativas han cambiado ostensiblemente, ya no nos sirve el “modelo de curso” con el que venimos trabajando.

No se trata sólo (que también) de un cambio metodológico de presencial a e-learning, sino fundamentalmente de cómo incorporamos las ventajas y facilidades que nos aportan las TIC´s para que la formación que diseñemos sea más eficiente.

A lo que me quiero referir es a la necesidad de romper el esquema cerrado de entender un proceso formativo como un curso, de unas determinadas horas lectivas, calendario establecido y profesor específico, a celebrar en el marco de un aula, entendida ésta como espacio físico (o virtual), dentro del que se producen los procesos de aprendizaje. Los ámbitos de educación informal aparecen con mucha virulencia, haciéndonos ver que, en ellos, se aprende y mucho; el conocimiento no está ni en el profesor, ni en el “libro”. Está en nosotros y lo compartimos a través de la red; y es ese proceso de compartir el que favorece el aprendizaje.

Los departamentos de formación, los responsables de formación, tenemos que ser tremendamente permeables al entorno que nos brindan las TIC´s y a los nuevos usos de las personas en sus hábitos de comunicación. Las wikies, las redes sociales, el software abierto, los recursos técnicos que Internet pone a nuestra disposición, no son útiles solo para el ocio. Más pronto que tarde, y sin darnos cuenta, formaran parte de nuestro quehacer cotidiano en el desarrollo de la formación en las administraciones públicas.

Para ilustrar el post, me permito incluiros el video de una entrevista que le hacía al profesor Íñigo Babot para hablar de estos temas




jueves, 3 de febrero de 2011

EVALUANDO QUE ES GERUNDIO (I)



Iniciamos con esta entrada, una serie de post dedicados a la Evaluación. En el ciclo formativo, el momento de la evaluación nos parece uno de los más trascendentales; son los resultados, la medición, datos imprescindibles en los que apoyarnos para la toma de decisiones, para reflexionar sobre lo hecho (y lo inacabado) y por tanto para seguir avanzando.

Abordamos la evaluación con el modelo Kirkpatrik, aunque con alguna adaptación a nuestra realidad. El primer nivel, al que dedicamos estas líneas, es el de la “evaluación de la satisfacción”. Consiste básicamente en preguntar, justo a la finalización de una acción formativa, a los asistentes a la misma, acerca de los distintos aspectos del curso, para valorar su grado de satisfacción con el mismo “en caliente”.

Utilizamos para ello un cuestionario de 12 ítems de respuesta cerrada y 3 de comentarios, en torno a los siguientes aspectos:

Contenidos del curso
Práctica docente
Organización del curso
Autoevaluación (percepción sobre su grado de aprendizaje)
Valoración global del curso

Para la contestación se ofrecen 4 alternativas de escala Likert en un continuo de acuerdo / desacuerdo, de tal forma que, al no existir una puntuación intermedia, necesariamente han de decantarse por la opción de satisfacción o de insatisfacción

Las preguntas abiertas versan sobre propuestas para la mejora del curso, necesidades formativas futuras y observaciones que deseen hacerse.

En los anexos del Informe de Evaluación, disponible en la Web, puede consultarse el modelo de encuesta utilizado.

Para cuantificar los resultados, se otorga una valoración numérica a cada opción, de acuerdo con la siguiente escala:

Muy insatisfecho: 1
Insatisfecho: 2
Satisfecho: 3
Muy satisfecho: 4

Los resultados globales para 2010, han sido muy satisfactorios, e incluso han mejorado algo sobre los de 2009. En el cuadro siguiente mostramos las puntuaciones medias obtenidas de los distintos conceptos evaluados y teniendo en cuenta todas las ediciones desarrolladas (recuérdese que la valoración numérica es 1 a 4)


Resaltar, a la vista de estos datos, que la valoración más alta es la correspondiente al profesorado. Si particularizamos, observamos que en las Áreas formativas de “Informática para usuarios”, “Información y Atención al público”, “Recursos Humanos” y “Policías Locales” el profesorado ha sido puntuado con medias que oscilan entre 3,91 y 3,95 (es dónde más se concentra el profesorado interno)

También queremos señalar que en 50 cursos (algo más del 17% del total) la valoración global ha sido la máxima posible, es decir de 4 sobre 4.