viernes, 11 de marzo de 2011

EVALUANDO QUE ES GERUNDIO (II)


Continuamos la serie de post dedicados a evaluación con esta segunda entrega dedicada a la evaluación del aprendizaje, entendida ésta como proceso que nos permite medir el grado de modificación producido en el conocimiento, habilidades y/o actitudes de los alumnos, atribuible a la formación recibida.
Las mayores dificultadas encontradas en este tipo de evaluación, derivan de la concepción, que todavía pervive, de entenderla como examen, y de identificarla con la superación de niveles en la educación obligatoria. Desde esta perspectiva, se vive esta evaluación como una prueba a superar, aflorando sentimientos de éxito o fracaso según el resultado obtenido, depositando en el profesor toda la responsabilidad sobre estas decisiones. Hubo un tiempo, incluso, en que se convirtió en "cuestión sindical" la inclusión o no de la misma en los cursos de formación. Tan es así que, algunos departamentos de formación de entidades públicas, han optado por renunciar a implementarla.

Con esta breve entrada, nosotros queremos reivindicar el carácter formativo que la evaluación del aprendizaje debe tener; forma parte inexcusable del propio proceso. Podemos incluso afirmar que, sin ella, la formación queda incompleta. El alumno adulto, protagonista de su propio proceso de aprendizaje, precisa tomar conciencia de cuáles han sido los cambios logrados, las dificultades encontradas, etc. para poder tomar decisiones en relación con su futuro; para ello es imprescindible contar con herramientas que le ayuden a ello.

Por otra parte, esta evaluación nos sirve también para contrastar la idoneidad de los contenidos de cada curso, así como de la competencia de los profesores. En función de la naturaleza y de los objetivos de cada acción formativa, se determina, diseña y utiliza el tipo de prueba de evaluación que consideramos más idónea. En el informe de evaluación de 2010 incluimos algunos ejemplos de todo esto.

Los resultados anuales de la evaluación del aprendizaje, quedan reflejados en la correspondiente tabla del informe. Para obtener la condición de "Apto", se exige haber participado en, al menos, el 85% de las horas lectivas del curso (en los casos de formación e-learning y on line se establecen las tareas mínimas en la guía didáctica), haber superado la/s prueba/s correspondientes, así como la conformidad del profesor de acuerdo con su seguimiento y evaluación continua de las tareas del curso. En 2010, estos son los datos más significativos


- Alumnos Aptos: 70,37%

- Alumnos No Aptos: 6,54%

- Alumnos sin Calificar: 9,42% (Jornadas, conferencias y similares en las que no se evalua)

- No Presentados: 7,71% (*)

- Renuncias: 5,96% (*)

(*) Estos casos ya los tratamos en una entrada reciente de este mismo blog

6 comentarios :

  1. Al igual que vosotros pienso que la evaluación, aunque demonizada, es aséptica hasta que se decide su utilidad real. Y que esta utilidad recae sobre lo que se evalúa y sobre la validez de la información derivada de la metodología e instrumentos para la evaluación. En términos de formación no me cabe la menor duda de la utilidad de la información para la organización que la gestiona pero, en términos de aprendizaje, algunas prácticas evaluativas me hacen dudar de su utilidad para el participante en términos de autoconsciencia/autocrítica y feed-back para la mejora en su desarrollo profesional.

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  2. @cumClavis; Manel, muchas gracias por visitar el blog y comentar. Comparto contigo la inquietud que manifiestas por la validez de la evaluación desde el punto de vista del aprendizaje del adulto. Yo creo que su utilidad está muy condicionada a la/s herramienta/s que se usa/n y a la postura del profesor-evaluador.

    En nuestro caso, la experiencia es desigual. En muchos cursos, es el propio departamento el que decide los ejercicios concretos a aplicar, basados en los objetivos que se pretenden alcanzar; los alumnos los resuelven de forma individual o en pequeño grupo, según los casos, y hacen corrección colectiva in situ. En estos casos, y por propia experiencia, estoy convencido de la bondad de la evaluación como espejo que me ayuda a tomar conciencia de dónde estoy y tomar decisiones respecto a por dónde avanzar. Es quizá en el área de microinformática, con cursos más pensados en "soluciones al trabajo" y no en "potencialidades del programa" donde más detectamos este valor de la evaluación del aprendizaje.

    Salut

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  3. Creo que la evaluación es una de las fases vitales en todo proceso formativo, creo que en eso estamos todos de acuerdo. Lo que especialmente me preocupa es lo poco que hemos sabido (los que nos dedicamos a esto de la formación) profundizar en el modelo Kirkpatrick.

    Cuanto más avanzamos en los niveles propuestos (satisfacción, aprendizaje, resultados/transferencia, impacto) menos herramientas y menos sistematización poseemos, y creo que deberíamos esforzarnos por invertir esta realidad. Si tuviera que ordenar la importancia de estos tipos de evaluación empezaría por la última para acabar por la primera, en cambio a todos nos es muy fácil confeccionar una evaluación de la satisfacción pero muy pocos realizan una verdadera evaluación del impacto.
    Y creo que el problema reside en que vemos la evaluación como la última parte del proceso formativo, y no la primera. Pero esto ya es otro tema... Un saludo a todos.

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  4. @rlifante Muchas gracias por pasarte por el blog y hacer tu reflexión.

    Entiendo lo que dices respecto a la importancia del impacto. No obstante, no es casual el orden prioritario que el propio Kirpatrick dió a los distintos niveles. Fíjate que si el primero, el de la satisfacción, falla, no se habrá producido aprendizaje (2), por lo que no habrá nada (o poco) que transferir (3), y por tanto no habrá impacto posible (4).

    Acuérdate del ejemplo que poníamos relativo a un ayuntamiento con aquella presentación tan bonita que preparaste (2002 creo) y que nos ayudó a ganar un premio de calidad ;D

    Prodigate un poquito más por aquí, y también por twitter, que te nombran y no respondes, ja,ja..

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  5. Hola de nuevo.

    Mi reflexión no iba tanto a priorizar un tipo de evaluación sobre el resto, pero sí a llamarnos la atención sobre un aspecto. Hacemos en la mayoría de los casos las tres primeras cuando la realmente importante es la última. No en sí misma sino en los resultados que de ella podemos obtener. Y me intento explicar con una pregunta: ¿qué curso mantendríamos en el plan de formación, uno que en las tres primeras evaluaciones (satisfacción, aprendizaje, transferencia) nos diera feedback positivo pero en la del impacto fuera negativo, u otro que fuera al revés (ya sé que normalmente si algo no lo has aprendido difícilmente lo puedes aplicar y tener consecuencias, pero no siempre se es consciente del aprendizaje, ni siempre ocurre al finalizar el curso).

    A lo que me quiero referir es que la formación es una herramienta que debe servir para algo, tiene que dar respuesta a un problema existente o ayudarnos a afrontar un nuevo reto, y quien nos dice si está siendo eficaz nuestra formación en estas dos cuestiones es esta última evaluación (tan compleja de implementar) y a la que difícilmente conseguimos hincarle el diente. Un saludo y lo del twitter...jajaja.. no doy mucho más de mí.

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  6. @rlifante; efectivamente la evaluación del impacto, bien hecha, es la que justificaría -si me apuras- la propia existencia de la formación. Ahora bien, es, sin duda, la que más dificultades plantea.

    2 reflexiones sobre esto:

    - Para hacer verdadera evaluación del impacto, debieran ser los ciudadanos quienes nos respondiesen para darnos su visión acerca del posible cambio que hayan percibido en un determinado servicio público, cuyos empleados han seguido un proceso formativo.

    - Es muy difícil justificar, incluso en los casos en que este impacto resulte "positivo" para la formación, que los cambios producidos (y detectados por los ciudadanos) sean consecuencia del proceso formativo al que hayamos "sometido" a los empleados públicos.

    Bueno, el debate es interesante, e interminable. Un placer compartir contigo, también vía virtual.

    Salut

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